Nuestro trabajo se sitúa entre la performance, la danza y las artes visuales, límite en el cual exploramos vínculos híbridos y diluídos entre el cuerpo y diferentes materialidades que transformamos en relación con lo orgánico y lo artificial. Nos interesa lo coreográfico que guardan los objetos y los cuerpos que escapan a la figura humana pero que remiten a ella, de otros modos, en sus reversos, detalles o tejido bruto. Buscamos en los materiales y sus comportamientos las acciones/formas que estos nos proponen, con el fin de desdoblarlos tanto en obras objetuales como en performances resultantes de un mismo proceso.
Actualmente, estamos trabajando con dos materialidades y su transformación en relación con el cuerpo: el chicle y la masa. Estos elementos refieren a formas de lo humano, como la lengua, órganos, músculos, pero también a hongos, seres de otro planeta u organismos microscópicos.
El chicle es a la vez un pedazo de color pegajoso y baboso como la lengua de la boca que lo mascó y escupió. Abstracción gomosa y volúmen táctil; pequeño mazacote de carne, músculo artificial que escurre, chorrea, transpira.
La masa se muestra como un cuerpo en sus pliegues, arrugas, enrosques, bultos, texturas y torsiones. Al mismo tiempo es también una geografía desértica e inhumana que se despliega coreograficamente. Para nosotros, esto es un halago y una crítica al cuerpo. Rosa es el color de la piel del lado de adentro del cuerpo y también el de un chicle Bazooka multifruta pegado en la suela o debajo de una silla.